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El autismo es un trastorno del desarrollo de por vida que hace su aparición en una fase temprana de la infancia. Afecta a la manera en que la persona se comunica y limita su capacidad de relacionarse con los demás de una forma que tenga sentido, de entablar amistades, de mostrar signos de afecto, de apreciar las caricias o de comprender los sentimientos ajenos. Dada la gravedad y variabilidad de sus síntomas, se suele conocer como Trastorno del espectro autista o TEA. El autismo afecta a más niños que el cáncer, la fibrosis quística y la esclerosis múltiple combinados. Uno de cada 250 bebés padece un trastorno del espectro autista. Esta enfermedad es entre cuatro y cinco veces más común en niños que en niñas.
La detección del autismo en un niño puede ser un proceso muy lento y posiblemente muy desconcertante para toda la familia y los amigos. El trastorno no siempre se manifiesta con los mismos síntomas y, además, hace su aparición antes en unos niños que en otros. El modo en que la mayoría de los niños reacciona ante situaciones o personas se desarrolla a medida que crece y comienza a disfrutar del juego y la interacción con otros niños. Para la mayor parte de los niños, resultaría extremadamente difícil no hacer amigos ni recibir afecto de sus seres queridos.
Sin embargo, algunos niños parecen no desear esas cosas y se muestran distantes y reservados. Es como si no fueran conscientes de su entorno físico. Para ellos es difícil verbalizar o comunicar sus necesidades, y tienden a manifestar comportamientos repetitivos y extraños. En casos graves, ni siquiera hablan. Estos niños carecen de conciencia de los demás y muestran desinterés por las situaciones sociales. Éstas son las características comunes del autismo.
Los niños con autismo manifiestan síntomas muy distintos. La gravedad de éstos varía de un niño a otro. Todos los niños con autismo presentan características de deterioro de la interacción social, la comunicación y las habilidades sociales y de retraso en el desarrollo del lenguaje o ausencia de discurso. También tienen una gama limitada de intereses y actividades. Algunos muestran síntomas agudos y necesitan atención especial durante el resto de su vida.

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No obstante, algunos niños con formas más leves de autismo, como el síndrome de Asperger, no presentan retrasos significativos en el desarrollo cognitivo y del lenguaje. Excepto por el retraso de la interacción social, estos niños evidencian una adquisición normal de habilidades o comportamiento adaptativo para su edad. Los tests de inteligencia de estos niños suelen estar dentro del intervalo normal y, en general, su pronóstico parece ser mucho mejor. Muchos niños con síndrome de Asperger pueden disfrutar de una escolarización normal y se convierten en adultos capaces de acceder a un empleo remunerado y de ser autosuficientes. Sin embargo, hay otros que necesitan asistir a colegios especiales y que probablemente sigan necesitando atención durante su vida adulta.
El hecho de que los
síntomas del autismo
varíen tanto y puedan aparecer en distintas fases los hace difíciles de reconocer. Los padres no siempre notan inmediatamente que su hijo tiene un problema, por lo que no buscan asesoramiento y ayuda médicos o de un profesional sanitario hasta mucho después, cuando el comportamiento del niño ya ocasiona problemas graves. Eso afecta al diagnóstico y la evolución del niño. Si el autismo no se diagnostica ni se trata, puede tener un impacto negativo, no sólo en el desarrollo y bienestar del niño afectado, sino también en la vida familiar. No existe una cura probada para el autismo, y su causa exacta sigue siendo desconocida. Sin embargo, a los niños con autismo les beneficia el
diagnósticoy la intervención precoces, ya que permiten poner en marcha programas individuales de desarrollo, conductuales y educativos a la medida de sus necesidades. Por ejemplo, un programa de educación especial puede ayudar a minimizar los síntomas y los comportamientos básicos del autismo. Eso no sólo mejora la calidad de vida del niño, sino también la de los padres, hermanos y otros familiares. Después de todo, el autismo supone una pesada carga para las familias.
El tratamiento del autismo suele conllevar la administración de medicación. A pesar de que no se puede curar, los médicos suelen prescribir medicación para tratar o abordar los síntomas asociados y los problemas conductuales. Para tratar estos problemas se emplean distintos tipos de medicamentos. No obstante, algunos de ellos pueden tener importantes efectos secundarios. Dado que su uso en niños o adolescentes con autismo aún no se ha investigado exhaustivamente, muchos médicos se muestran reacios a prescribirlos y los limitan a los casos más graves.
El papel de los padres, los cuidadores y/o los hermanos es muy importante para el éxito del plan de tratamiento. La implicación de toda la familia en él no sólo mejora la evolución del niño, sino también la aceptación, dando lugar a una mejora de la calidad de vida de toda la familia.
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causas del autismo
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