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Causas del autismo
Las causas del autismo siguen siendo una incógnita. Los científicos creen que se trata de un trastorno neurológico que afecta al funcionamiento del cerebro. Los escáneres cerebrales realizados a personas con o sin autismo revelan diferencias en la estructura y la forma del cerebro.
Además, algunas personas son genéticamente más propensas. No es infrecuente encontrar más de un niño con autismo en una familia. Algunos niños con trastornos del espectro autista o TEA también tienen problemas con sus sistemas inmune y bioquímico. Estos niños suelen reaccionar muy mal o son intolerantes a algunos tipos de alimentos, detergentes, etc.
Los investigadores también opinan que existen otras causas posibles, lo que incluye factores hereditarios y genéticos además de una serie de enfermedades (como el síndrome X frágil) o la ingesta de sustancias nocivas por parte de la madre durante el embarazo, así como otros factores ambientales. Durante los últimos años, los medios de comunicación se han hecho eco con cierta frecuencia del temor a una posible relación entre vacunación infantil y autismo. Sin embargo, no existen pruebas concluyentes que sustenten esa afirmación.
Teorías sobre las causas del autismo
Asociación con anormalidades de desarrollo del cerebro
A lo largo de las dos últimas décadas, varios estudios del cerebro (mediante técnicas de diagnóstico por imagen y autopsias a individuos autistas) han revelado una serie de anormalidades en el desarrollo del mismo. No obstante, ninguna de ellas parece ser común o específica en todos los casos de autismo.
Evidencia de causas genéticas
Antes de 1970, los investigadores estaban convencidos de que el autismo era consecuencia de una relación fría y poco cariñosa con los padres (lo que también se conoce como la "teoría de la madre nevera"). Sin embargo, varios estudios desacreditaron esas opiniones al constatar unas tasas de incidencia superiores en gemelos idénticos y hermanos y ofrecer pruebas sólidas de una contribución genética. No obstante, a pesar del importante trabajo de investigación realizado, la causa genética del autismo aún no se ha conseguido comprender.
Impacto de los factores ambientales
También se cree que los factores de riesgo ambientales juegan un papel vital en el autismo. En los 70, se observó una relación entre la rubéola congénita y el autismo. También se ha establecido un vínculo entre la exposición prenatal a la talidomida y el autismo. Los estudios epidemiológicos de otros medicamentos empleados durante el embarazo o de exposiciones químicas durante el mismo no han detectado pruebas concluyentes de un vínculo con el trastorno.
Vacunación infantil
Más recientemente, el posible papel de la vacunación infantil en el autismo ha sido objeto de un acalorado debate que ha llevado a muchos padres a negarse a vacunar a sus hijos con la vacuna triple vírica (paperas, sarampión y rubéola).
Éste ha sido el caso especialmente en el Reino Unido. En 1998, un grupo de investigadores de uno de los principales hospitales londinenses publicó los resultados de un estudio en el que se documentaba el síndrome del intestino irritable en un reducido grupo de niños con autismo. Según este estudio, la mayoría de los padres constató la aparición de los síntomas autistas justo tras la administración de la vacuna triple vírica. Eso llevó a los investigadores a concluir que el uso de esta vacuna en niños estaba asociado a un mayor riesgo de autismo. En esa época, otros investigadores también apuntaron al extendido uso de un conservante con mercurio en las vacunas infantiles como factor contribuyente al autismo.
Los medios de comunicación también informaron de la incidencia de involución en niños vacunados. Estos niños se habían desarrollado normalmente hasta los dos o tres años, edad a la que súbitamente habían empezado a mostrar signos de involución como: pérdida de su capacidad de lenguaje o discurso, de su capacidad para interactuar socialmente y responder a las muestras de cariño y aparición de signos de comportamiento inusual o, en casos graves, agresivo.
Aunque muchos padres están convencidos de la existencia de una relación entre autismo y vacuna triple vírica, no se han obtenido pruebas concluyentes de dicha relación. Entre 2000 y 2001, tres revisiones de expertos concluyeron de forma unánime que los datos disponibles en el momento de publicación de las conclusiones antes mencionadas no sustentan esa asociación. Un estudio a gran escala realizado en 2002 tampoco detectó ninguna asociación. En cuanto a la exposición al timerosal o el conservante con mercurio empleado en las vacunas infantiles, los paneles de expertos sacaron conclusiones similares, aunque en ese caso hay menos datos disponibles.
Asociación con otras enfermedades
Se ha observado una mayor incidencia de autismo en individuos con ciertos trastornos genéticos, cromosómicos y metabólicos. No obstante, sólo se detectan enfermedades concretas en una reducida minoría de niños con autismo.
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