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Tensiones familiares
Además del profundo impacto que la enfermedad tiene en los pacientes, éste puede ser igualmente severo sobre la familia y los cuidadores.
El comportamiento inadecuado de los pacientes durante los periodos maníacos y su extrema falta de interés durante los depresivos pueden ocasionar no pocos problemas con la familia. Es normal que surjan enfados cuando los síntomas hacen que un individuo se ponga agresivo o que no sea capaz de hacer frente a sus responsabilidades. Normalmente, los familiares también experimentan sentimientos de culpa extrema una vez que el individuo ha sido diagnosticado. Pueden arrepentirse de haber tenido pensamientos de enfado u odio y es posible que lleguen a plantearse si no habrán sido ellos mismos los causantes de la enfermedad por su falta de apoyo o de paciencia.
Sentimiento erróneo de responsabilidad
Además, en las últimas décadas, en buena parte de la literatura y el contenido mediático se ha sustentado la noción errónea de que los progenitores podrían de alguna manera ser responsables del desarrollo de la enfermedad mental en su hijo. Por tanto, el sentimiento de culpa y el deseo de compensar por algo mal hecho pueden impedir que los padres y demás miembros de la familia establezcan límites y desarrollen expectativas realistas con respecto a la persona afectada. Si la enfermedad supone una carga constante para la familia por factores como la reducción de ingresos o la continua interrupción de las rutinas familiares, es habitual que sus integrantes experimenten sentimientos alternos de rabia y culpa. Con cierta frecuencia tienen un sentimiento de pérdida debido a la constatación de que, en los casos graves de trastorno bipolar recurrente, es probable que el individuo jamás recupere su estado "normal".
Impacto potencialmente dramático sobre la calidad de vida
La ansiedad puede ser una presencia constante, ya que los miembros de la familia están siempre a la espera de un cambio de humor o una reaparición de los síntomas. Es posible que descubran que a la hora de planificar acontecimientos al final siempre surge la preocupación por el enfermo. Los hijos pueden tener miedo de heredar la enfermedad, además de preocupación por el cuidado del paciente en el futuro. En casos graves de trastorno bipolar, la red social de la familia comienza a reducirse. Las familias suelen sentirse avergonzadas de los síntomas del enfermo. Los visitantes pueden sentirse incómodos por no saber lo que decir o cómo ayudar a la familia. Es frecuente que tanto unos como otros prefieran no decir nada, con lo que, al final, resulta más sencillo evitarse mutuamente. Con frecuencia, los integrantes de la familia se sienten agotados por el esfuerzo dedicado a la resolución de problemas relacionados con la enfermedad y carecen de la energía necesaria para emprender otras actividades o relaciones. El aumento de la tensión incrementa el riesgo de problemas matrimoniales y de síntomas físicos relacionados con el estrés. Además, si hay un hijo afectado y la mayor parte de la atención de los padres está dedicada a él, los demás hijos pueden sentir celos. En general, el estrés continuo plantea un riesgo para el bienestar emocional de todos los miembros de la familia.
¿Cómo pueden ayudar las familias?
Un miembro de la familia con trastorno bipolar es una pesada carga. Es importante pedir ayuda externa. Pida consejo a los profesionales de la salud mental (psicólogos, trabajadores sociales y enfermeros) sobre cómo enfrentarse a un familiar con trastorno bipolar.
Comente cómo se siente con su médico. Los familiares o los cuidadores pueden necesitar ayuda psicológica ellos mismos.
No obstante, la mejor manera de reducir la carga es asegurarse de que los pacientes sean fieles a su terapia. Con un tratamiento adecuado, tendrán un humor mucho más estable y constituirán una carga menos pesada para sus familias y cuidadores.
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